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sábado, 11 de agosto de 2012

LEED ESTE PRECIOSO CUENTO.

La princesa y el guisante



Adaptación del cuento de Hans Christian Andersen.
Érase una vez un príncipe caprichoso que quería casarse con una bella doncella. Pero no buscaba una doncella cualquiera, sino una verdadera princesa de sangre real. Así que buscó y buscó. Viajó por todo el mundo, pero encontrar a una verdadera princesa de sangre real era mucho más difícil de lo que había supuesto. No es que no hubiera princesas en los distintos reinos, el problema es que no era sencillo averiguar si eran de sangre real. A primera vista lo parecían, pero luego, el príncipe siempre acababa descubriendo en ellas algo que le demostraba que no lo eran. 
Tras mucho tiempo buscando sin éxito a su princesa, el príncipe llegó a la conclusión de que no había ninguna, y muy triste, volvió a su reino.
Una noche, estando en su castillo, se desencadenó una terrible tormenta: llovía muchísimo, y terribles relámpagos iluminaban el cielo. De repente, entre el sonido estridente de los truenos, escucharon unos golpes en la puerta. ¿Quién andaría por ahí en una noche como esa?
 - Soy la princesa del lejano reino de Assen. Estoy perdida y no sé dónde pasar la noche.
La voz de la joven era tan débil y triste que se compadecieron de ella y le abrieron la puerta. La supuesta princesa era una hermosa joven. Sin embargo, tenía un aspecto terrible. Su ropa y sus cabellos chorreaban, y todo su cuerpo temblaba. ¿Cómo iba a ser aquella muchacha una princesa? ¡Aquello era imposible!
La reina, muy intrigada con aquella joven, quiso averiguar si realmente se trataba de una princesa de verdad.
- ¡Ya lo veremos! Colocaré un guisante debajo de los muchos edredones y colchones que hay en la cama para ver si lo nota…
A la mañana siguiente, le preguntaron qué tal había descansado.  
- ¡Fatal! - contestó -. No he podido pegar ojo en toda la noche. Había algo en esa cama que me ha llenado el cuerpo de cardenales. ¡Ha sido horrible!
Al escuchar aquello la madre y el príncipe se miraron sorprendidos:
- ¡No hay duda de que eres una verdadera princesa! Porque a pesar de los muchos colchones y edredones, has sentido la molestia del guisante. ¡Sólo una verdadera princesa podría notarlo!           Fue así como el príncipe caprichoso encontró a su princesa de verdad y se casó con ella, seguro de que aquella mujer era la que quería.
Y colorín colorado, este principesco cuento se ha acabado.

FUENTE: http://www.cuentoalavista.com

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